domingo, 17 de agosto de 2008

De regreso a Hermosillo

Lo primero que hice al llegar a Hermosillo fue bajarme del camión. Quizá hice otra cosas antes pero ya no me acuerdo. En fin, estuve de vacaciones en un lugar donde el clima no es muy diferente al de este infierno, la única diferencia es que allá está todo día la refrigeración prendida y por tanto puedes no darte cuenta. Pero si de calor se trata no creo que nada se iguale a Puerto Peñasco: un hermoso lugar donde, además del mar tan azul, se sirve el marisco más sabroso que he probado. Estuve sólo unas horas y no toqué el mar. Tampoco lo hubiera hecho de permanecer más tiempo, ya que odio la arena. Es tan incomoda. También odio andar mojado, aclaro que sólo en ciertas circunstancias. Detesto no llevar mi cámara fotográfica, me ahorraría un montón de palabras y un intento fallido de describirles algo que siempre será mejor ver (nótese como encubro mis deficiencias descriptivas). Lo que no sabía y que tampoco esperaba, era pasar por Caborca, permanecer un momento ahí y estar apunto de perder el camión. Fue mi primera vez, así es que no pude evitar pensar en Abigael Bohórquez. Traté de mirar bien, quizá buscando reconocer en Caborca lo que tanta veces miró poeta. Me aventuré a caminar unos cuantos metros lejos de la estación para pisar la tierra devastada por la lluvia que, quizá, alguna vez sostuvo a Abigael. Por tal capricho casi me quedo en aquella ciudad oscura donde no conozco a nadie. En Hermosillo me he llevado algunas sorpresas: Encontré en mi casa (que no es mía) una jungla. ¡Me voy sólo un mes de un lugar donde nunca llueve y me encuentro con eso: hierba! Quería comérmela, ya ven que últimamente me ha entrado la locura de querer comerme las cosas. Otra sorpresa, una amiga me ha dicho que le gusta Abigael y me da mucho gusto, pensé en él cuando estuve en su tierra, hoy que lo menciono pienso que a ella también le gusta, por tanto también pienso en ella.
Para los que no lo conoscan o para los que quieran recordarlo, les dejo esto:
Llanto por la muerte de mi perro
Hoy me llegó una carta de mi madre
y me dice, entre otras cosas: –besos y palabras-
que alguien mató a mi perro
“ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo,
-me cuenta-,
y se fue tras de su almacon su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
No supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia,
tambaleándose,
arrastrándose casi con su aullido,
como si desde su paisaje desgarrado hubiera
querido despedirse de nosotros;
tristemente tendido quedó
-blanco y quebrado-,
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
Lo hemos llorado mucho...”
Y, ¿por qué no?
yo también lo he llorado;
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y engaña, y ríe, y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
No engañaba ni mordía.
Como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
al mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.
Mi perro era corriente,
humilde ciudadano del ladrido-carrera,
mi perro no tenía argolla en el pescuezo,
ni listón ni sonaja,
pero era bullanguero, enamorado y fiero.
A los siete años tuve escarlatina,
y por aquello del llanto y el capricho
de estar pidiendo dinero a cada rato,
me trajeron al perro de muy lejos
en una caja de zapatos. Era
minúsculo y sencillo como el trigo;
luego fue creciendo admirado y displicente
al par que mis tobillos y mi sexo;
supo de mi primera lágrima:
la novia que partía,
la novia de las trenzas de racimo y de la voz de lirio;
supo de mi primer poema balbuceante
cuando murió la abuela;
el perro fue en su tiempo de ladridos
mi amigo más amigo.“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo
-dice mi madre-
y se fue tras de su alma –los perros tienen alma:
un alma mojadita como un trino-
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado...”
Ay, en esta triste tristeza en que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro
que habla,
y extorsiona,
y discrimina,
y burla;
mi perro era corriente,
pero dejaba un corazón por huella;
no tenía argolla ni sonaja,
pero sus ojos eran dos panderos;
no tenía listón en el pescuezo,
pero tenía un girasol por cola
y era la paz de sus orejas largas
dos lenguasde diamantes.

10 comentarios:

Aleita! dijo...

Definitivamente, tenia que ser la primera que comentara este post.
No sé que pensar, pero me dan miedo esas coincidencias extrañas: tú en Caborca y yo leyendo "Llanto por la muerte de mi perro".
Ya tendremos mucho tiempo para platicar y sorprendernos.

...si no lo digo
yo
poeta de mi hora y de mi tiempo,
se me vendría abajo el alma, de vergüenza,
por haberme callado.
A.B.

Besos varios!

Roy A. Swanson S. dijo...

No sabia de ese poeta, me gusto mucho. Pues ya están las clases de regreso, con todo y los profesores que no van.

Te dan ganas de comer todo lo que vez?... supongo que se podría decir que "devoras" libros.

Kitsune dijo...

Me gustó, ahora google me ayudará a leer más de ese autor
:)

Cicuta drinker dijo...

AL UAm tiene una edición muy bonita de ese autor, pero como todos saben , espero que así sea, ya no hay más ejemplares. Me lleva la ñonga, llevo díasen busca.
Volver a la casa que nos es tuya es como coger ajeno, dice mi vecino de escritorio.

Anónimo dijo...

con ese pueblo me hiciste recordar a Bolaño, a la Cesarea Tinajero y su poema de Los detectives... debiste haberlo puesto también, está bien chilo.
pero no importa, como aleita y roy y tu, como todos los putos, yo tmb amo a Aby.

atte,
una amiga emo -gordita- que le gusta mucho abigael bohorquez.

j. bhutto dijo...

acepto el beso, pero no sé qué pensar por lo de gorda, la información flota en el aire, a lo mejor estoy gorda o a lo mejor soy muy delgada, lo único que sé es que soy una princesa... y soy estelar... besos donde quieres, como quieres y hasta con quien quieras...

Petimetre dijo...

abigael bohórquez y la doñita que vende chiltepineros afuera del mercado son las manifestaciones más grandes de la poesía sonorense y, tal vez, universal.

saludos.

Sashenkah dijo...

M`ijo...ya volvi, para cuidarle entre la jungla desèrtica que esconde a los abigaeles entre los rayos de sol...
cappicci?

ay luego te explico...

besotes

Petunia Pérez...Tu Madre dijo...

amor te extraño tanto. vuelve pronto de tu viaje!

deja a las sureñas feas cuerpo de perro parado, carne de vaca-flaca de rancho, vuelve, vuelve por tus vacas gordas, tu cortes finos que tanto te consienten!

Patancito dijo...

Es de Sinaloa, pero cómo estar segura de que es el mismo que estoy pensando si no lo he visto sin camisa.Ummm, supongo que debo leerlo más. Saludos