miércoles 11 de noviembre de 2009
Quisiera comenzar esta replica con una frase sencilla: nunca te creí lo que me dijiste aquella noche. Aún repaso, reconozco que por mero sadismo, las palabras tan tajantes y tan certeras que dijiste como si de los buenos días se trataran. Las pienso y sólo me dejan una sensación de escozor que soy incapaz de tragar. Te extraño, con todas las letras que ello implica. A veces, cuando camino por las calles de esta ciudad que nace tímidamente, te supongo a mi lado. Te hablo de las carcasas de tal industria, de su historia, de cómo esa máquina de vapor nos mantiene vivos, de los sueños que hemos forjado alrededor de su figura. No sé que más decirte. Luego, supongo, tendría que hablarte de cómo te he ido inventando, de cómo te puse un nombre y te reconstruí con los pedazos que me encontré en la despensa y te hice mía, , y te dije levántate y anda y vi que eras buena. Pienso en los arboles y en estos vidrios que dejaste rotos. Pienso en tus labios, postrados en una sucia terminal de camiones, declarando las frases que no le dirás nunca a quien verdaderamente amas. Hoy te he visto rondar por las calles como un fantasma que busca su tormento. Hoy te he dejado, como dice aquella canción, grabado en el contestador esta cuidad. punto
lunes 9 de noviembre de 2009
Hace meses que no puedo dormirme temprano. Cuando por fin lo logro, despierto en la madrugada y me es imposible conciliar el sueño. Cada mañana me siento como si un camión me pasara por encima de ida y de vuelta. Aún así tengo el descaro de ir a la escuela por las mañanas a tomar café y a ver a la gente pasar por los pasillos. Los veo a todos y por fin, después de cuatro años, siento que los quiero más de lo que algún día llegué a imaginarlo. En una de esas estaba cuando vi pasar a la que hoy es mi nueva mujer de mi vida (después de todo, todas han sido el amor de mi vida, según Efraín Huerta). Me ahogué con el humo de cigarro y derramé sobre mi camisa nueva, en aquel entonces era nueva, el vaso de café que me revivía aquella mañana acosada por la impertinencia de un frente frío que nos hizo sentirnos por un momento en el polo norte. Estuve tentado a usar gabardina y guantes, pero una vez que los hube desempolvado, el maldito frente frío se había ido a volar para otro lugar. Mi amorío aún no sabe que yo estoy dispuesto a vender muchas de mis vacas para complacerle hasta el mínimo de sus caprichos, creo que tampoco sabe de mi existencia pero me aseguraré de que lo sepa pronto. Sigo pensando en la manera más eficiente. Saludos al Necaxa que debe estarla pasando muy bien en compañía del León.
Abigael Bohórquez
Descaración previa
Si me callara;
Si me pusiera serio;
Si dejara
Que el sacrosanto pudor
Recatara esta dulce merced;
Si me fuera quedando como de aquí al olvido;
Si decayera mi semblante y me apesadumbrara,
Y sosegadamente contenido
No revelara la inesperada gracia;
Si lo ocultara;
Si me fuera de bruces sobre mi mismo
Y me diera contra mi nombre
Y fuera la desmemoria de la flor;
Si anocheciera,
Y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,
Por tan callado el trance de morir;
Si me opusiera a declarar;
Si me encerrara en negar
Que nada, nada es cierto sino yo,
Dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,
Y si aceptara este resplandeciente temor a confesar:
¿Qué soy, quién soy entonces,
Qué he sido sino el de siempre, el mismo,
Aquel que sólo ha dicho la verdad
Y nada más que la más crudelísima
Verdad?
El que este día ha amanecido
Fúlgido de vejez,
Maravillado de regresar,
El que, ahora,
Simple y sencillamente, se levanta,
Compone el pecho desvencijado
Y declara,
Con un temblor de voz en lo que queda de palabra,
Diecinueve de enero, dos puntos,
Sólo era que
Te amo
Si me callara;
Si me pusiera serio;
Si dejara
Que el sacrosanto pudor
Recatara esta dulce merced;
Si me fuera quedando como de aquí al olvido;
Si decayera mi semblante y me apesadumbrara,
Y sosegadamente contenido
No revelara la inesperada gracia;
Si lo ocultara;
Si me fuera de bruces sobre mi mismo
Y me diera contra mi nombre
Y fuera la desmemoria de la flor;
Si anocheciera,
Y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,
Por tan callado el trance de morir;
Si me opusiera a declarar;
Si me encerrara en negar
Que nada, nada es cierto sino yo,
Dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,
Y si aceptara este resplandeciente temor a confesar:
¿Qué soy, quién soy entonces,
Qué he sido sino el de siempre, el mismo,
Aquel que sólo ha dicho la verdad
Y nada más que la más crudelísima
Verdad?
El que este día ha amanecido
Fúlgido de vejez,
Maravillado de regresar,
El que, ahora,
Simple y sencillamente, se levanta,
Compone el pecho desvencijado
Y declara,
Con un temblor de voz en lo que queda de palabra,
Diecinueve de enero, dos puntos,
Sólo era que
Te amo
miércoles 28 de octubre de 2009
Este lunes que acaba de pasar cumplí 23 años. Eso explica muchas cosas, entre ellas, la necesidad imperiosa de escribir un blog. Tenía un plan para mi cumpleaños que masticaba desde hace algunos días: quería comprar todas las monedas del bar para ser el único cabrón con autoridad sobre la rokola. Algunos de mis amigos, al enterarse de mi plan, se dieron a la tarea de guardar todas las monedas de cinco pesos que cayeron en sus manos para cumplirme un capricho que al final de la noche se vio frustadro por un maldito provedor que llegó cuando nadie lo esperaba. Al menos yo no lo esperaba ni lo quería. Muchas gracias, Adriana, por el esfuerzo.
Atendiendo a todos los mensajes y recomendaciones que me dejanron en el facebook, me puse como energumeno: bailé lo que no se baila con mi aritmia caracteristica, tome hasta la ignominia y fumé como la puta apasionada que llevo dentro. Los días que siguieron también fueron de fiesta, pero de una fiesta tranquila que anticipaba la tan esperada seremonia de graduación. Estuve muy nervioso toda la semana. Algunos de ustedes sabrán que graduarse no es cosa fácil, requiere de muchos riñones. Por eso, y por muchas cosas más, en la ceremonia de entrega de papeles, al recordar lo que ha pasado con mi vida en estos últimos años, lloré como el completo hombre sentimental y patético (en el sentido original de la palabra) que soy. Saludos
Atendiendo a todos los mensajes y recomendaciones que me dejanron en el facebook, me puse como energumeno: bailé lo que no se baila con mi aritmia caracteristica, tome hasta la ignominia y fumé como la puta apasionada que llevo dentro. Los días que siguieron también fueron de fiesta, pero de una fiesta tranquila que anticipaba la tan esperada seremonia de graduación. Estuve muy nervioso toda la semana. Algunos de ustedes sabrán que graduarse no es cosa fácil, requiere de muchos riñones. Por eso, y por muchas cosas más, en la ceremonia de entrega de papeles, al recordar lo que ha pasado con mi vida en estos últimos años, lloré como el completo hombre sentimental y patético (en el sentido original de la palabra) que soy. Saludos
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joto el que lea esto,
La academia: rompe tus cadenas
jueves 22 de octubre de 2009
Siempre he pensado que beber solo es lo más cercano al vicio y a la enfermedad del alcoholismo. Por eso procuro siempre hacerme acompañar por el primer incauto que vea. Hoy, después muchos intentos fallidos por convencer a alguien, tendré que irme solo, como Rambo, a la barra de algún bar donde no conozca a nadie. Lo que me pasa es que voy a cumplir años próximamente (ésto es también un anuncio para lo que quieran regalarme algo) y no estoy muy seguro si estoy contento con eso. No es porque me esté haciendo viejo, o porque la gente no me regale nada en mi cumpleaños ( me conformo con un beso y un abrazo, aunque sea virtual), pasa algo en el mes de octubre que no me gusta mucho, debe de ser el frío. Anuncio, además, que el 30 se celebra mi fiesta de graduación. Los invito a todos. Tampoco me pone muy contento eso de la graduación, pero no es el hecho de la fiesta, sino el de salir de la universidad. Tengo recuerdos muy gratos de la licenciatura, para empezar todo era más fácil y podías tomar y faltar si te quedabas dormido o crudo o, en el mejor de los casos, empiernado. En fin. Saludos.
martes 6 de octubre de 2009
Estoy feliz porque, gracias a las manifestaciones histéricas del público, Tv Azteca lazó una nueva edición de la academia. La preside, nada más y nada menos, Lola Cortés (cuanto amo a esa mujer). Por otro lado estoy triste por las cosas que me pasan y por las que dejan de pasarme. El fin de semana pasado, mientras limpiaba mi cuarto, me encontré con mis cosas viejas, las que había destinado al polvo y la humedad por el simple hecho de tenerle un respeto al pasado y a los fantasmas de los días. Entre esas cosas viejas encontré algunas fotos que tomé en otras ciudades: fotos de lluvias, fotos amarillas, de cafetines y, por supuesto, de cantinas feas. Lo que más resalta en ellas es mi mal pulso y la ausencia. No me recordaba de esa manera. Escuché mis viejos discos de Cespedes y, como era de esperarse, me evocaron los mismos recuerdos y con la misma fuerza. Por eso estuve triste y he estado teniendo pesadillas. Vi una película estremecedora que trata de un hombre que desde pequeño se hace cargo de las proyecciones del cine de un pueblo, escuché los poemas de Abigael Bohórquez (porque tiene un disco con su viva voz), vi un partido de Futbol y al final del día me sentí completo: jodido y radiante, según plantea Benedetti.
lunes 5 de octubre de 2009
Borges es el mejor escritor del siglo XIX
He pensado en los últimos meses en la frase tan escandalosa que da titulo a esta entrada. La frase, aunque a muchos piensen que la he inventado yo, la acuñó, nada más y nada menos, que Ricardo Pliglia. Borges, según Pliglia, continua en gran parte con los clichés de la literatura argentina del siglo XIX: el burdel, el gaucho, el arrabal, etc. La aseveración de Pliglia, como se puede observar, es sumamente parcial. Si Borges, en su juventud, continua con la linea de la tradición decimonónica, también es uno de los impulsores de la vanguardia hispanoamericana: el ultraísmo. Aunque entiendo que Pliglia habla en función de una causa noble: darle el lugar que merece a Roberto Arlt en las letras Argentinas. Las obras, no solamente las de Arlt, se vindican solas, o al menos así debería de ser. Por eso es que no entiendo las buenas intenciones de Pligia, que no se reducen a la aquí expuesta, ni entiendo, mucho menos, la pretensión de hacer tesis de cualquier grado, con el afán de validar las manifestaciones artísticas de tal o cual escritor, hombre o mujer, marginal o burócrata.
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