domingo, 21 de agosto de 2011

Formas de volver a casa y formas de escribir en mi blog lo que me venga en gana

El tabaquismo es, más que un problema de salud, un defecto del carácter dice Juan Villoro y yo creo que es verdad. Pienso en esto con un cigarrillo pegado en la boca, después de haber hecho unas cinco o seis llamadas al celular de mis cuates para invitarles un trago. Todos declinaron y es hora que me pregunto si es por mí (es decir, por mi afición a contar las mismas historias de toda la vida o porque simplemente no tuvieron ganas). Contrario a lo que puedan pensar, no me lo tomé nada mal. Compré una botella de ron, por aquello de la nostalgia de recordar todo el ron que me bebí en Argentina pensando que estaba en España, y me lo estoy bebiendo lenta y compulsivamente. Empecé a revisar los exámenes de mis alumnos pero decidí dejarlo para otra ocasión. Consideré mejor idea volver al pensamiento, a los recuerdos y las canciones siempre tan miserables de Pablo Milanés. Temas que siempre, o casi siempre, versan sobre el despojo. Eso es lo que debo de estar experimentando: el despojo, la soledad y la frustración de no tener con quien ir al cine y regresar a casa a hacer el amor o algo que se le parezca.

Después de pensar en todo esto, y en lo que dejo de lado, creo que me estoy volviendo cada vez más ridículo y patético. A mis años, que quizá sean pocos en la inmensidad del tiempo, siento que me estoy volviendo viejo, o mejor dicho, tengo obligaciones de viejo o de adulto y aún reacciono como un adolecente ante muchas situaciones. Y qué pasa, pues, cuando uno piensa en esto que les digo: en mi caso no pasa nada. Sigo bebiendo el ron, escuchando las mismas canciones, organizando la vida, pensando en que será lunes muy pronto y debo ir a impartir una clase de literatura a un complejo grupo de estudiantes apáticos de una escuela privada que han cursado la misma materia tres veces. Aunque la pase mal con ellos, me repito todos los días que debo hacerlo con gusto, que debo asumir el reto y hacerlo de la mejor manera.

Me gustaría pensar en menos cosas: dejar a un lado el tema de que el hombre (yo, el hombre) está la mayor parte del tiempo solo. ¿Será que cuando uno lo empieza a asimilar el problema (con la reflexión que implica resolver un problema) la soledad deja de ser una carga y se convierte en un ornamento? Aunque me convence más la idea de pensar que esto de las soledades concurridas (fin de cita, Benedetti) es otro más de los artificios de ciertos individuos (como yo) que no tienen muchas cosas y objetos (que no es lo mismo), que tienen la suerte de conocer a personas valiosas pero que no están conformes. Me gustaría decir que no sé lo que me falta pero, para mi desconsuelo, mis pesares han dejado de ser, desde hace dos o tres siglo, del orden metafísico. Y entonces voy a decirlo con todas sus letras y con la no poca vergüenza de dar la noticia…

Alejandro Zamba, un novelista y poeta (como si no le fuera suficiente con lo primero), me contó la historia de una novela que se llama Formas de volver a casa. Quedé sorprendido con su sencillez engañosa, con su incertidumbre demoledora pero, sobre todas las cosas, me ha conmovido la sutileza de su trampa. La novela es la trampa que uno lee y escribe. La novela, quiero decir, como el ejercicio de la nostalgia, el antiquísimo artificio de la nostalgia que invadió, también, al propio Borges. Zambra dice que la hubiera gustado más leer la novela que está escribiendo que tener que ser él mismo quien la escriba. Pero la historia es suya y ésta solo puede encontrar su resolución mediante la nostalgia (artificiosa o no).

Después de terminar la novela, me pregunto si es, quizá, ese estilo personalísimo e intimo de esta novela uno de los rasgos más distintivos de la narrativa contemporánea, si los escritores jóvenes que están publicando en los últimos años han vuelto al romanticismo (afortunado), al Yo soy la medida de todas las cosas, Yo y mis circunstancias. Yo soy la novela, Yo y lo que yo quiera recordar.

2 comentarios:

ana la mer ça n's'invente pas dijo...

tómalo como parte de la crisis post-maestría, además de que tal vez traías acumulada la de la post-licenciatura. uno aprende así, a pesar de uno mismo.

DIANA-CHAN dijo...

Claro que tu eres el marica, por que yo si soy meramente panocha. Y como tal tengo el derecho al mariqueo como el ahorcado al pataleo