sábado, 25 de abril de 2009

Javier Cercas es mi hombre. Hace unos días, Silvano me comentó que Cercas había publicado un libro nuevo. Yo le creí pero no me había dado la oportunidad de leer la noticia, lo acabo de hacer y experimento una singular emoción que apenas se iguala a la que me provocó la última victoria de Hugo Sánchez. Yo no le voy a los Pumas, mi equipo son las Águilas y no me da pena hacerlo público, pero la figura de Sánchez me resulta por demás simpática y admirable. Resulta que el Almería, debido a una combinación de resultados, se encuentra entre los primeros 10 de la liga, lo cual demuestra que los directivos de la federación mexicana de futbol se equivocaron por undécima ocasión al despedir a quien en alguna ocasión declarara que sin futbol en México estuviéramos en guerrilla. Cuánto lo admiré entonces. Vuelvo a Cercas: me enamoré de él en un bazar que tiene mi amiga Artemisa (vendé ropa de segunda mano pero de primera calidad), no lo leí en ese lugar, pero al mirar ahí una vieja chamarra de militar, comprendí la magnitud de lo que había leído. Recordé la escena donde el soldado anónimo, héroe y antihéroe a la vez, danzaba con un rifle el tradicional paso doble que interpreta Cigala. Llovía en la novela y también afuera del bazar. Acto seguido recordé la figura de Roney, personaje de La velocidad de la luz que también es soldado, soltado fuego sin ton ni son contra unos infantes orientales. El caso es que Cercas es un magnifico escritor, según la prensa el más importante escritor espa;ol (pensé que pensarían los seguidores de Villa Matas: me importa un comino) y acaba de publicar una novela en Mondadori que se llama Anatomía de un instante la cual espero leer no muy pronto. Pienso que debería de hablar más del caso, pero mi interés no es vindicar en ningún momento la figura de ningún otro escritor que no sea Carlos Fuentes o el buen Gabo.
Otra cosa. Hace cinco días volví a ver a O. Desde que egresé penosamente de la prepa no volví a saber nada de ella. La vi por última vez en un sucio camión y una vez que nos despedimos me sorprendió con un beso que me supo a reproche. El lunes se despidió de mí de la misma manera. Creo que no nos entendimos o quizá fui yo quien no quiso entender nada. Como haiga sido.

4 comentarios:

mengana dijo...

Siempre es bonito habarle a la gente de Cercas
de cerkititas

La Pucha de Oro dijo...

Ahora sí hijo, cuando regrese a México yo pagó la fiesta.

Se autorizó en México la ley del narcomenudeo:

"Se podrán portar dos gramos de opio; 50 miligramos de diacetilmorfina o heroína; cinco gramos de cannabis sativa, indica o mariguana; 500 miligramos de cocaína; 0.015 miligramos de LSD (lisérgida); 40 gramos de metanfetaminas" (el universal)

solem dijo...

hola wero

nacho dijo...

Hola, una mujer que reproche, no lo creo!!!

Salud y Dios guarde al América (en un calabozo)...

salú... nacho m.